martes, 10 de marzo de 2009

Entrevista a Diana Starkman


«Tejer y destejer el camino de la poesía»

por Paula Seufferheld

Diana Starkman es profesora, investigadora y una lectora amante de poesía –quizás este último es el epíteto que mejor le cuadra- y pasó por El Desaguadero a abrevar junto a nosotros. En un amplio recorrido temático, habló de su acercamiento a la lírica, de sus primeras lecturas, de autores y cantantes que la cautivaron con la exquisitez de sus versos hasta llegar a su decisión de investigar el trabajo de poetas mendocinas. Asegura que su tarea de indagación recién comienza ya que el caudal lírico de la provincia crece y arrasa los límites mismos de la belleza.


-¿ Qué es para usted la poesía?

Si tuviéramos que definir el discurso poético y por ende su manifestación textual, creo que todas las constelaciones semánticas y sémicas no alcanzarían a definir dicho universo. El lector que aborda el texto poético se sumerge en una filigrana de sentidos, en las profundidades iluminadas de las palabras, en redes oceánicas, como diría Neruda, arrojadas a un mar de sentires.
Muchos se preguntan a menudo acerca del sentido de leer o de escribir poesía. Y si bien las diferencias son abismales entre uno y otro acto poético, diría que, precisamente, coinciden en ese "escudriñar" en dichas constelaciones, en despojarlas de su realidad inmediata para construir con ellas nuevas representaciones. Diría que el acto poético es un acto creador por naturaleza.
Poder tejer y destejer los caminos sembrados en los textos poéticos, al mejor estilo de Penélope, es el desafío. El texto es una promesa que no siempre se cumple. Es el sentido. Aquello inefable que una y otra vez nos persigue hasta que nos alcanza.

-¿Cuándo surge su interés por la poesía?

Creo que desde la niñez, desde las rondas infantiles de mi época, cuando los versos se cantaban, desde la música con mi guitarra y la memorización de sentidas canciones, desde la declamación de romances o autores tan musicales como García Lorca o Baldomero Fernández Moreno.

-Aparte de estos poetas que nombra, ¿cuáles fueron los autores que la marcaron y determinaron su decisión de investigar dentro de este género?

Mis primeras incursiones juveniles me acercaron a Juana de Ibarbourou, Alfonsina, Guillén, Oliverio, Rubén Darío. Más tarde descubrí a mi querido Neruda; también me interesé por la obra completa de Cesar Vallejo, Ungaretti, Quasimodo, Mallarmé, Baudelaire, Whitman y los mejores poemas de Benedetti, Gelman y Juarroz. Tampoco dejé de lado el valor poético de las canciones de Charly, Spinetta y Serrat, por citar solo algunos enormes cantautores. Creo que estas experiencias me marcaron para el resto del viaje por la lírica. Considero que un buen poema te colma el alma y traspasa tu piel. Un buen poema te saca del mundo ordinario y te hace vivir fuera del tiempo. Con un buen poema vibrás en una frecuencia inexplicable, con un buen poema descubrís en un mundo, todos los mundos.
Luego, más adulta ya, tomé la decisión de despegarme de lo aprendido en la facultad y buscar nuevos vientos teóricos que me hablaran de la poesía y que la hicieran decir más allá de sus versos; aquello que Octavio Paz cree que está "escondido entre el tejido de las palabras y que pareciera que éstas quisieran retener o atrapar". Y entonces, cansada de explicar los textos por las felices o infelices vidas de sus autores; agotada de enseñar los tropos y lugares comunes de la estilística; aburrida de agrupar los textos por sus ejes temáticos y de las interpretaciones subjetivas; me zambullí en la semántica interpretativa y la semiótica, de puro curiosa nomás.

-¿Qué diferencia a un lector asiduo de poesía de otra clase de lectores?

Creo, digo creo porque es mi más subjetivo diagnóstico, que hay algo químico en todo esto. Es como en el amor o en el enamoramiento: "cuestión de piel". En El libro de Los Abrazos, Galeano compara al mundo visto desde lo alto con un mar de fueguitos. Dice: "el mundo es un mar de fueguitos, algunos brillan con una intensa luz propia y quien se acerca se enciende". Para mí, en el mar de los textos, los poemas son esos fueguitos de Galeano.
La poesía nos enciende y nos enfrenta con nuestros más recónditos yoes, con aquellos que nos da hasta vergüenza sacar a pasear de la mano. El lector de poesía emprende una travesía a través de sí mismo. Es un adicto a la sugerencia, al decir y no decir, está adherido a la imagen, es consumidor de insinuaciones e indicios. Es también aquél al que le suena una sinfonía mientras lee un poema, el que ejecuta una música mientras queda enredado en una metáfora y al que se le eriza la piel en el touché final de un verso.

-Como docente e investigadora especializada en Semiótica, ¿qué la llevó a elegir textos líricos mendocinos como material de análisis?

Es largo y sinuoso de explicar, pero intentaré una síntesis que se remonta a la década de los 90 y que está relacionada con los días de docencia en el CUC (Colegio Universitario Central). Allí comencé con un proyecto que se llamó Literatura: un puente interior hacia la vida. Como parte de este emprendimiento, surgió mi investigación continua sobre nuestros autores. Los alumnos se mostraban entusiasmados de estudiarlos, crear las imágenes mentales acerca de sus personalidades, sus caras, puesto que en algunos textos no había ni siquiera fotos de ellos. Los resultados fueron positivos. Los chicos se coparon con los escritores y prepararon presentaciones en donde ponían sobre el escenario del aula representaciones intertextuales de música y poesía o de poesía y expresión corporal. Estas experiencias fueron llevadas a dos Ferias Internacionales del Libro en Buenos Aires, y, en Mendoza, a la Feria Provincial.
En 1992 viajamos a Buenos Aires con el sexto año del CUC y con algunos autores nuestros como Carlos Levy, María Inés Cichitti y José Luis Menendez para participar en la Feria y en un congreso de literatura organizado con otra escuela secundaria de Buenos Aires. Estas actividades interesaron a una periodista conocida de Inés Cichitti y derivó en una entrevista aparecida el mismo año en el diario Los Andes, comentando la experiencia y el giro que había dado la didáctica de la literatura en Mendoza. Creo que la periodista exageró un poco, pero valió la pena, porque planteó lo perimida que estaba la enseñanza de literatura local por esos días en las escuelas de Mendoza.
En síntesis, mis intereses comienzan de un modo empírico. Fueron años de mucho trabajo y de investigación en el campo intelectual mendocino y de contacto con los autores. Por esa misma época, algunos investigadores de la FFyL también tuvieron la inquietud de comenzar a estudiar la obra de autores locales fallecidos hacía poco tiempo: Abelardo Vásquez, Solá González, entre otros.

-¿Qué criterios utilizó para seleccionar determinada bibliografía como soporte de su investigación con los que abordó los textos de dos poetas mendocinas: Adelina Lo Bue y Patricia Rodón?

Esta pregunta está relacionada con el trabajo de investigación que elaboré para escribir mi tesis acerca de las autoras mencionadas, en el marco de la Maestría sobre el Arte Latinoamericano que se realizó desde 1998 hasta 2001 en la FAD. Con este trabajo, en 2004, me gradué como Magíster en Arte Latinoamericano. Posteriormente, dicha tesis dio pie al dictado de un seminario en San Martín, al cual concurrieron algunos de los escritores del Este mendocino.
Cuando me planteé volcar mis indagaciones empíricas de tantos años en el papel, tuve que seleccionar, entre los marcos teóricos, cuál de ellos funcionalizar para mi trabajo. Por ese entonces, en los 90, ya me había acercado a los postulados semióticos, a partir de algunos seminarios realizados con la magíster Estela Saint André, a la cual agradezco haberme puesto en este camino.
Fascinada entonces por los formalistas rusos, me dediqué a estudiar, en primer lugar, a Lotman y luego a los representantes de la Escuela de París, y aunque desde los 60 han corrido muchos vientos teóricos, me aboqué a indagar y mirar desde esa perspectiva los textos. Otro teórico que me ayudó fue Rastier, más actual, también francés. Sus aportes a la semántica interpretativa desde los conceptos de los dominios y las dimensiones son insoslayables. De todos modos, no sostengo la idea de encerrarse en determinados encuadres teóricos que a veces fuerzan los textos a decir lo que no dicen. Los marcos teóricos son importantes, sin embargo, el crítico no debe perder nunca la intuición para postular determinadas conjeturas con respecto a la lectura de un texto. Dichas presunciones, como diría Eco, se demuestran luego, en el andar por los caminos de la interpretación. Otra vertiente que me interesa es la de los españoles que retoman los postulados de Greimas y Courtés de la Escuela de París: Jenaro Talens, Fernando Casanova, Angel del Río, por citar algunos. No quiero olvidarme tampoco de Bremont ni de Barthes en su etapa de postestructuralista, tampoco de Genette y sus aportes de narratología e intertextualidad, así como de Todorov y su análisis estructural del relato.
En conclusión, pienso que, como diría Barthes, hay que preguntarle al texto. El crítico emprende un diálogo fecundo con el yo lírico textual, para comprobar sus conjeturas; entonces el texto se abre y muestra sus signos.

-Ya que hablamos de estas autoras, ¿qué aspectos le interesaron indagar de sus producciones literarias?

En realidad, el proyecto de investigación, en sus comienzos era más ambicioso. Pretendía trabajar sobre el análisis de tres autores, entre los que también incluía a Carlos Vallejo como representante de las voces masculinas, pero quedó pendiente. Me focalicé entonces, en la desambiguación de las estrategias y claves de la poética de estas autoras, con el propósito de proporcionar elementos para el abordaje de sus textos y para mediar la lectura de las mismas. "Es otra humilde mirada, no la única".
Los aspectos que me interesaron fueron: los pactos de lectura que las estrategias textuales proponen al lector, las manifestaciones poéticas como recorridos generativos. La semiosis de sus imaginarios y sus poéticas. Creo haberlo “casi” logrado. Todo trabajo intelectual es siempre perfectible.

-¿Por qué cree que en Mendoza son contados los académicos que realizan investigaciones literarias sobre poesía local?

Actualmente, se está trabajando un poco más. La doctora Marta Castellino ha publicado recientemente un libro de crítica en el cual aborda la poesía de Adelina. Sin embargo queda mucho por trabajar para que nuestros autores entren al canon literario, por lo menos, al mendocino. Tampoco debemos olvidar al doctor Gustavo Zonana que indaga constantemente en los textos de escritores locales.

-Actualmente, ¿está trabajando en la obra de otros poetas?

Me gustaría completar mi trabajo de investigación con las voces líricas masculinas, así como también indagar en la obra de nuevos autores. Muchos van marcando una trayectoria que la podríamos rastrear desde los poetas de Las Malas Lenguas.

-Como alguien que se muestra apasionada por el género lírico -puedo dar testimonio-, ¿qué opina de la generación de poetas que comenzaron a escribir en los 90?, ¿a quiénes rescata?, ¿qué valora de sus temáticas y estilos?

En primer lugar agradezco el epíteto de "apasionada". Saben que esa palabra se relaciona con el entusiasmo, cuya etimología es muy hermosa en griego. Su significado tiene que ver con el estar poseído, imbuido, inmerso. Por otro lado, apasionamiento comporta la idea de pasaje, de ir de un lado a otro, de la vida a la muerte, de lo sagrado a lo profano.
Hablar de la nueva generación de poetas es algo difícil de contestar en una entrevista breve. Más que dar respuestas aisladas, tendría que comenzar un trabajo explicativo que sentara las bases acerca de la los ejes axiológicos sobre lo estético que me permitieran describir y comparar. Sin embargo, y sin dar nombres, creo que esta generación, tanto los poetas más conocidos como los que se mantienen aún en la periferia del campo cultural, luchan día a día con la hoja en blanco, con la palabra y con un mundo lector que ha perdido la posibilidad del entusiasmo y el pathos griego. No es fácil leer poesía y, menos aún, escribirla.
Sé que entre el grupo de poetas-periodistas del Este se perfilan y existen grandes autores. Y el tiempo, variable, cruel pero inexorable, me dará la razón.
Mientras los textos sigan entablando diálogos con sus lectores, dando respuestas y planteando nuevos interrogantes, podremos decir: la poesía no envejece, vive.
Agradezco la oportunidad de haber charlado con ustedes de poesía. Y es mi más profundo deseo que un aluvión de lectores empuje tan fuerte las aguas como la fuerza con que arrastran las aguas del río.


***
Diana Starkman nació en Buenos Aires en 1953. Los años familiares la trasladaron a Mendoza en la década de los 60. Realizó sus estudios en nuestra provincia, tanto secundarios, universitarios como de posgrado. Desde 1987 se dedicó a la tarea docente y aún continúa en ella.
Ha participado en numerosos eventos culturales difundiendo la poesía mendocina tanto en la provincia como en la Capital Federal.
En 2008 coordinó los eventos literarios en la Feria Provincial del Libro en el marco de la DGE, como miembro del equipo: Leer en Mendoza perteneciente a dicha dirección.
Ha realizado numerosas exposiciones en los congresos de literatura argentina y latinoamericana organizados por la FFYL (Facultad de Filosofía y Letras-UNCuyo). También se ha desempeñado como jurado de tesis de numerosas maestrandas en la FAD (Facultad de Artes y Diseño-UNCuyo).
Actualmente coordina el ingreso a la FAD en el módulo de comprensión lectora y se desempeña como docente en las escuelas secundarias de la UNCuyo, en terciarios y CENS.

20 comentarios:

Cecilia Restiffo dijo...

Muy interesantes y profundas las reflexiones de Diana,en lo referente a "lo perimida que estaba la enseñanza de la Literatura", diría que es un concepto que bien se podría aplicar al presente de nuestras clases. Por lo que me gustaría que su trabajo se expandiera en algunos talleres o cursos así aquellos que amamos la poesía y la docencia podemos acceder y poner en práctica esa otra forma de abordar un texto poético; que por lo demás es bastante difícil de enseñar en estos tiempos tan "apurados" en los que vivimos, tiempos que no dejan espacio para el goce, para la reflexión o el simple "dejarse llevar", que exige un poema. Para mí como docente siempre ha sido un desafío,y percibo que en la propuesta de Diana hay una "pista" de cómo hacer que los más jóvenes se acerquen a los textos en busca de algo más que cumplir con una materia.

Hernán Schillagi dijo...

Paula: esta entrevista deja mucha tela para cortar y tirar de las hilachas a lo loco. Muy buena.

Con respecto a la enseñanza de la poesía en las escuelas es primordial para los que creemos que leer poemas es una forma vital e inteligente de conocer el mundo. Ese trabajo es arduo y serio, pero los resultados son más que positivos.

El análisis semiótico de la lírica casi que le da un método a los "típicos" análisis descriptivos y de tropos a los que estamos acostumbrados. Tiene sus bemoles y no siempre encaja con todos los textos. Luego de hacer el curso con Diana, me di cuenta que sólo se puede realizar para descubrir si un poeta escribe bien. Un poema mal construido queda más que "delatado".

También es estimulante que los estudiosos se interesen por los escritores/as de Mendoza. Creo que empezar por Patricia Rodón era lo más acertado. Su voz, quizá, sea la más fuerte de los '90. Ella renovó el lenguaje sin recetas "posmos" e introdujo el tema del sexo sin tabúes ni eufemismos. Allí está "Pornocaut", de "Tango Rock" para demostrarlo.

¿Qué será de la vida de Adelina Lo Bue? Después de "Mapas" y unos cuadernos casi desapareció. Su poesía se debatía entre lo clásico y l posmoderno. A veces con buenos resultados. Hubiera estado bueno que siguiera editando para saber cuál de las vertientes se afirmaba.

Proyecto María Castaña dijo...

Cecilia, ¿sabés qué pasa?, y con lo que voy a decir no me voy a adjudicar el título de experta en encuestas, la mayoría de nuestros pares no lee poesía. ¿Argumentos? No les gusta, no la entienden, en la facultad o los terciarios se las enseñaron mal... En definitiva, apelan a los grandes consagrados y no pasan del modernismo, no por antiguos, sino porque no conocen otra cosa. Hacé la prueba ingrata de preguntarle a colegas qué han leído de Juarroz, Gelman, Pizarnik, Orozco -por nombrarte poetas que parecerían ultraconocidos- y al silencio que te va a rodear le podés agregar un coro de grillos.
¿Dónde está la falla? En la formación docente. En las literaturas que se imparten en la universidad y los terciarios se le da muy poca cabida a la lírica. El poco espacio en el que respira, no atraviesa los años 40.
Por eso me sumo a tu pedido de que se organicen talleres y cursos de formación para indagar con más herramientas este terreno fértil e infinito de la poesía.

Proyecto María Castaña dijo...

Hernán

Yo creo que un buen análisis semiótico, sino se pierde en el laberinto de sus propios constructos teóricos, puede dar mucho más que una simple evaluación de un buen o mal poeta. Hay herramientas de análisis que pueden desentrañar las motivaciones inconscientes del autor. En Interpretación y sobreinterpretación, Umberto Eco cita el ejemplo de Hartman (posestructuralista norteam.) cuando estudia la poesía Lucy de Wordsworth. El crítico encuentra asociaciones con la muerte que no están explícitas en el texto simplemente porque el poeta usa las palabras "diurnal" y "course". La primera hace contacto con "die" (muerte) y "urn" (urna); la segunda, con "corpse" (cadáver). Probablemente el autor inglés no fue consciente de estas "coincidencias" léxicas en el momento de producción. Es el estudioso quien encuentra estos "armónicos" del tema principal del poema -así los llama Hartman- y ahonda las posibilidades de lectura del texto.

(No te creas que esto lo tenía tan fresco en mi mente que envejece, fui a buscar mis apuntes de Teoría Literaria).

sergio dijo...

Muy interesante la entrevista.

Y digo:

que la caracterización de “poetas-periodistas del Este” no me pareció la más afortunada, pues pareciera que todos son periodistas, cuando en realidad solo uno de ellos se dedica al noble arte de desinformar (chiste, Fernando) Esto al margen de que me recordó aquello de los poetas del “Diario Uno”.

Y agrego:
que sería bueno que estos dichos (“Sé que entre el grupo de poetas-periodistas del Este se perfilan y existen grandes autores. Y el tiempo, variable, cruel pero inexorable, me dará la razón”) de la Profesora Starkman llegaran a oídos de cierta gente del “ambiente” (no, no del ambiente gay, sino del de los poetas). Me parece que suscitarían algunas reacciones (alérgicas y de las otras), que nos llevarían a una relectura del artículo de la profesora Restiffo.

Fernando G. Toledo dijo...

También me llamaron la atención algunas respuestas de Diana Starkman. La primera, tiene que ver con su abordaje tan cándido para intentar definir a la poesía. Es decir, frases como: «Un buen poema te colma el alma y traspasa tu piel. Un buen poema te saca del mundo ordinario y te hace vivir fuera del tiempo. Con un buen poema vibrás en una frecuencia inexplicable, con un buen poema descubrís en un mundo, todos los mundos». De verdad que me pareció cándida, como de alguien que le sigue dando mayor importancia a esa capa, digamos, más cruda de la poesía, antes que a todo lo que puede desprenderse de quien lee mucha de ella, y más acompañada por densos estudios teóricos. Con esto no estoy diciendo que me parece bien ni que me parece mal (de hecho, la sorpresa puede que tenga que ver con que quizá eso lo puede decir alguien menos formado que la propia Diana), pero sí digo que me sorprende.

La otra sorpresa, que Hernán sólo sugiere, tiene que ver con una constancia. Es decir, me sorprende la insistencia en una poeta como Adelina Lo Bue. Adelina no continuó publicando (pongo entre paréntesis que tengo un vago dato de que podría estar por salir un nuevo libro), y eso no sería gran cosa, sino que sus dos libros conocidos, sobre todo Mapas parecían pedir a gritos más publicaciones para que alcanzase cierta consolidación su voz. Sus libros me parecen desparejos y la sorpresa, entonces, tiene que ver con que sea una referencia tan constante entre lo poco que se estudia la poesía en Mendoza. ¿Tendrá que ver con esto que Adelina era de las pocas mujeres que publicaban poesía por los años en que los académicos que se ocuparon de hablar de la lírica local? El mérito sería haber publicado en el momento justo, más allá del nivel de los libros.

Por último, también, como a Sergio, me deja helado la tipificación un poco ambigua esa de «poetas-periodistas del Este». No sé puede saber a ciencia cierta a qué se refiere, en muchos sentidos. No sólo de qué autores está hablando (¿serán por ejemplo Toledo y Valle, aunque el primero viva desde hace décadas en el Gran Mendoza?; ¿serán Schillagi y Seufferheld?); sino porque no se sabe qué combo es el que define ese maridaje de oficios. ¿Son poetas cuya lírica aprovecha recursos de las crónicas? ¿Son periodistas con prosa florida? De lo que no caben dudas es que para algunos poetas, que le digan periodistas es un insulto; y viceversa.

Fernando G. Toledo dijo...

Por si me preguntan, yo me veo a mí mismo como «poeta y periodista» antes que como «poeta-periodista».

Hernán Schillagi dijo...

Amigos!: veo que el calor nos tiene a todos un poco exaltados. Pero para qué sirve una entrevista si no es para que polemicemos sobre los dichos de alguien que es una autoridad en el tema. Siempre y cuando la pasión no nos haga ver lo bueno e inteligente de cada respuesta.

Fernando: creo que antes que nada, Diana, es docente. Y docente comprometida de alumnos de secundaria. Es allí donde su visión de la poesía tal vez suene "naïf". Entiendo tu sorpresa, ya que -renglón seguido- la profesora se despacha con una teorización de la cosa que, al menos a mí, me deja admirado. Sin embargo, sólo aquél que tiene a más de treinta adolescentes a su cargo y pretende hacerles llegar la poesía, sabe que la "definición" anda por allí. Palabras más, palabras menos. Ya todos sabemos que la palabra "alma" no tiene nada que ver con la lírica, pero tomémosla como un tropo.

Sergio: me parece muy oportuna tu aclaración. No somos periodistas, excepto Fernando. Paula es comunicadora, pero ejerce la docencia. Tal vez Diana, por elogiarnos, cometió sólo un error de nomenclatura de oficios. Me parece que si tenemos un blog y, como en mi caso y el de Cecilia, despuntamos alguna crítica para el diario nos nos desencajararía tanto el mote de "periodistas culturales". Pero sí nos que nuuuy grande.

Eso sí, los de poeta-periodista es un adefecio como neologismo.

Fernando G. Toledo dijo...

Corrijo: «aunque el segundo viva desde hace décadas en Mendoza». Me refería a Valle. Yo estoy por acacito, nomás.

Proyecto María Castaña dijo...

Sergio

Me parece que tu concepción de periodismo es acotadísima. Para citar una fuente autorizada, transcribo la definición del DRAE: Captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades. Periodismo abarca tanto el trabajo diario y constante, pan de cada día, en un medio masivo que realiza Fernando (te concedo que es el más periodista de todos), las colaboraciones esporádicas de Cecilia y Hernán comentando libros en un diario hasta mi humildísima faena de intermediaria del periodismo escolar que hacen mis alumnos año a año (que tan mala no debe ser porque no ha habido un año en que no hayamos ganado premios). Incluso nuestra participación en esta revista virtual -digo "nuestra" porque te incluyo Sergio- será una de las tantas formas de hacer periodismo.

Proyecto María Castaña dijo...

Fernando

Para hablar de poesía, Diana asumió el rol de lectora apasionada más que el de sólida académica postitulada -además en la pregunta anterior ya había dado una concepción muy interesante del acto poético-. Si te remontás al comienzo de su respuesta, ella había hecho referencia a sus primeras lecturas con cierto fervor. Yo creo que mantuvo el tono y el candor con que había arrancado. Si me preguntás mi opinión, me quedo con la definición de Diana palabra por palabra. En su lugar, habría hablado de la poesía con la misma subjetividad y emoción antes de subirme al "caballito blanco" de la Academia. Otra cosa, una respuesta más "técnica" hubiera exigido una pregunta más "técnica" y mi interrogante pecó de general.

Fernando G. Toledo dijo...

PAULA:
Es cierto que desde el principio habla Starkman con fervor del arte poético, fervor que conspira contra la claridad de la respuesta. Por ello esperaba yo quizá (y de ahí mi sorpresa) que una vez entendido por todos que la poesía la hacía «vibrar» (metáfora sentimental acerca de la atracción que le merece la lectura y el estudio de la poesía), empezaran a aparecer definiciones más refinadas. Fijate que avanzada la entrevista sigue diciendo que la poesía es «cuestión de piel». No digo que las respuestas tuvieran que ser exclusivamente «académicas» o «academicistas», en absoluto, pues no creo que pensara en explicarle qué es la poesía a doctores en Letras. Pero sí esperaba yo (y quizá es culpa mía), algo más. Confieso que ni siquiera sé qué ni cuánto más, y tampoco estoy seguro de qué diría yo mismo en ese caso, pues claro que la pregunta es muy general. Pero como digo en el primer comentario, parece que Starkman se decanta por una definición sentimentalista, acaso porque prefiere quedarse con la capa emotiva de la poesía; acaso porque a pesar de que sea su mester, piense que explicar la poesía sea algo así como asesinarla. Supuse (quizá estoy demasiado supositorio) que ella iba a elegir una «capa intermedia» en su definición, una respuesta que sin dejar de atender a lo que «despierta la poesía en quien la lee», no deje de develar qué significa el discurso propiamente poético. He ahí otro problema, valga decirlo: la respuesta tiende a divagar entre lo que es escribir poesía, leerla y analizarla «de manera docta», sin que sepamos bien a qué «acción poética» se refiere en realidad.
Aprovecho para decir aquí, en este largo comentario, que habrán notado que cuando habla de referentes poéticos, Starkman menciona ciertamente nombres clásicos, por lo consagrados, y casi exclusivamente del siglo XX (*). Es clásica incluso al hablar de los cantautores, y los que nombra son moneda corriente en gente que sabe de poesía mucho menos que ella.
Ah: Quasimodo, con Q.

(*) Dejaría de ser casi si no fuera por Baudelaire, Mallarmé y WW.

Fernando G. Toledo dijo...

Releo y parece que le estuviera «pegando» a Diana. Pero no es así. Que conste. Como digo, el problema parece que tiene más que ver con mis propias expectativas.

sergio dijo...

Paula querida:

¡Ud y sus definiciones del DRAE!

Seamos sinceros: un periodista es alguien que ejerce el periodismo en el sentido en que lo entendemos los mortales en general. Esto es:
un señor que escribe en un diario (Fernando),
un señor que pone la caripela en el noticiero (¿Mur?) ,
un señor que dice las noticias cada media hora en elevediez.

Lo demás, tiene nombres diferentes (en la vida, no en el diccionario):
colaboradores esporádicos del suplemento cultural (Hernán, Ceci),
profesora de comunicación (Ud),
bloggers (ud, Fernando, yo entre muchos otros)

Lo contrario sería vulgarizar un oficio muy noble, sobre en su versión escrita. Y pienso en mis amados María Moreno, Marguerite Duras y Juan Gelman.

sergio dijo...

Sobre todo en su versión escrita. Eso quise decir.

Proyecto María Castaña dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Proyecto María Castaña dijo...

Sergio querido

Tu soberbia de atribuirte la voz del resto de los mortales, qué querés que te diga, me pasmó. Parece que los miembros de la Real Academia y sus colaboradores, yo y tantos más que también morimos (¿somos una especie distinta de mortales?)pensamos diferente.
En tu acotadísima y miope versión de qué es el periodismo no entrarían, por ejemplo, Moreno (Mariano), Larra, Sarmiento, Alberdi, Echeverría, en fin, ninguna figura del XIX. Ellos que escribían en periódicos de pequeña tirada, en una época donde leer era un privilegio de élite, tampoco serían periodistas. Al fin y al cabo, se leían entre ellos como nosotros que somos blogger.
Me da la sensación de que has visto muchas películas yankis ambientadas en redacciones o estudios de televisión febriles. Personajes desencajados buscando la primicia del día (¿no estarás mirando los Pells?). Hay formas más íntimas y lentas de hacer periodismo. El mismo Gelman que citás, con sus columnas periódicas, cultiva esta forma. Pero no hay vuelta, en tu "planeta sergio" solo son periodistas los redactores, los conductores de televisión y los locutores. ¿Qué pasa con los fotógrafos, los ilustradores, los humoristas gráficos? Te la dejo picando.

Gustavo Torres dijo...

Qué interesante y entretenido es mirar una obra a través del análisis semiótico que hace la profe Starkman.
Como comentario al margen del tema, ¡me encantó la foto!

Proyecto María Castaña dijo...

Gustavo

Gracias por leernos y comentar. Es cierto, los análisis de Diana son apasionantes, sobre todo los que hace a poemas de Patricia Rodón. Es encantador escucharla exponiendo sus hallazgos semióticos, le agrega un plus a los textos interpretados, el plus de la pasión de la lectura compartida.
Seguí mirando y no dejes de comentar.

Diana Starkman dijo...

Y como el N° 19, no me gusta paso al 20.
Me he divertido mucho con los comentarios! jajajaj!! Realmente mi oficio de docente alcanza las metas propuestas de dar batalla y polémica, aún fuera del aula
Quién iba a decir que unas breves y simples respuestas a unas cuantas preguntas armarían tanto revuelo...
Cuando leí la entrevista en vuestro querido "Desaguadero" existían solo dos comentarios, hoy volví a leer y ¡oh! sorpresa me encontré con que se habían multiplicado.
Me resultó muy gracioso el comentario del análisis semiótico del lector Gustavo(no hay ningún análisis ). Me reconfortó el comentario de Paula, Hernán, Cecilia, que me entendieron desde donde me instalaba para hablar, porque además me conocen desde otro rol más científico (curso) que parece haberles gustado mucho (por suerte y haberles servido)
Con respecto a Fernando G.Toledo (pongo la G.porque si no se enoja) paso a explicar.
Cuando escribimos suponemos un lector implícito, que no siempre es docto, ni poeta ni periodista, ni aún (como se dice ahora) Blogger, (palabra que aprendí hace poco de mis alumnos de 9°). El problema que se plantea es para ¿quién escribo?, ¿quién me va a leer? qué les quiero decir, y en que tono.
Las respuestas a esas preguntas determinan la construcción como enunciador de un enunciado (que no es lo mismo) en un aquí y en un ahora producto de una práctica social que deviene en discurso.

Toda práctica social genera un determinado discurso( enunciado) que será diferente según sea su práctica social, ( confer: Estela Zalba y M.Gomez de Erice: Teorías cognitivas y Semántica interpretativa de F. Rastier.)
Es así que a pesar de que Paula me llamó investigadora y no sé cuantos halagos más, me posicioné, no como tal, sino como una entrevista que va a ser leída por otros que también necesitan saber qué es la poesía, necesitan que se lo describan, tanto sentimentalmente( como usted lo dice) como intelectualmente. Si usted supiera las fórmulas con los que los semióticos trabajan se pincharían los ojos con las agujas de tejer.
Es así mi querido amigo que mi discurso (y ahora paso a la primera persona porque me es más cómoda) pareciera naif, pero solo pareciera, otra cosa es que fuera.
En realidad, (lamentaría mucho que este emprendimiento del Desaguadero fuera leído sólo por el grupo que lo frecuenta, lo escribe, y lo sostiene) en realidad, el lector implícito de mi texto no estaba pensado para y solamente, poetas que buscan respuestas.
Lamento el horizonte de expectativas (confer: Iser) defraudado. Pero mi lector implícito no lo contempló, creo que su enciclopedia lectora, y su competencia están más allá de este discurso cuasi didáctico-popular, con fines propedéuticos.
Hago sí mea culpa del neologismo periodistas- poetas.
Y esto también va para Sergio que se sintió tocado o algo así como excluido de la grey.
Tendría que haber dicho escritores, poetas, docentes, periodistas, padres y madres de familia o poner el nexo copulativo "Y"