lunes, 23 de marzo de 2009

Historia del poema "Ella"


por Juan López



He contado esta historia a algunos amigos, pero nunca la escribí y, por lo tanto, no la he referido con tanto detalle y de una vez. Lo hago ahora, a pedido de Hernán Schillagi para El Desaguadero.

En la década del 80, a la mitad, digamos –miren qué “viejo” será el poema (está en el libro Mirá, de 2005)–, conocí a una mujer que me presentó un amigo, de casualidad. Estábamos en el centro, en un bar que fue el Peter John (los mayores de 50 que merodearon Rivadavia y San Martín lo conocieron: cuando iban al secundario, se hacían la sincola en ese bar). Bueno, estábamos en el mismo local pero no se llamaba ya Peter John. No recuerdo su nombre. Estaba sobre Rivadavia, mano sur, a unos metros de San Martín. Creo que donde hoy está, qué curioso, la Librería Técnica.

Los tres, ella, mi amigo y yo, teníamos más o menos la misma edad, 23. Hoy, los tres rondamos los 46.

Estábamos tomando algo (probablemente, vino o cerveza) mi amigo, su amiga y yo, y, por alguna causa, mi amigo se fue. No sé si estaba organizado para que yo me quedara con ella o qué. Lo cierto es que, sentados a una mesa, enfrentados, mirándonos, comenzamos a hablar (aunque no me crean, no recuerdo el nombre de ella). Fue una charla impresionante. Coincidíamos en muchísimas cosas, lo que uno decía, el otro lo acrecentaba. Habíamos leído casi los mismos libros, por ejemplo. Fue, en síntesis, un potentísimo intercambio de energía. Creo que fueron dos horas de charla continua, entre el atardecer y la noche: gustos, odios, amores, decepciones, luces y sombras, dolores y maravillas. Me enamoré de ella de una manera extraña, porque a la vez que me fascinó y conmovió, llegué a la evidencia, luego de unos días, de que sería imposible avanzar hacia algo real con esa chica. Además, estoy seguro de que ella no se enamoró de mí. Esto puede resultar adolescente, y está bien, porque éramos casi adolescentes.

La sensación de descubrimiento y la emoción de esta charla me duraron varios días. No me cabe duda de que es la mujer, y lo debe seguir siendo, más inteligente, curiosa y densa que he conocido. No me gusta decir “más sensible”, porque sostengo que todos los seres humanos somos sensibles. Además, para colmo, era muy bella. Un tiempo después de ese encuentro, escribí el poema Ella, de un solo tirón. Con una birome de esas tipo Pilot, de tinta azul. ¿O era una Bic trazo grueso? No lo recuerdo. El original se lo regalé unos años después al Ulises Naranjo, porque él amaba ese poema: cuando lo leyó, dijo que era el mejor poema que había leído jamás, cosas que dicen los amigos. Es uno de esos textos que salen de un tirón. Fue una descarga a tierra de tanta pasión intelectual con la mujer más inteligente, serendípica, intensa y fugaz de mi vida.

Lo que sí puedo agregar es que después de casi 25 años, la vi caminar por la vereda de la calle Avellaneda, casi Mathus Hoyos, en Bermejo. Yo iba en micro y la vi. Uf, me dije, ahí está. Y me volví a quedar paralizado. Y ahora recuerdo que ella, como yo, es Virgo. Pregúntenle a Alicia Contursi qué puede pasar cuando se encuentran dos Virgos de distinto sexo. Lo más probable es que diga que se atraen tanto como se distancian.

Por último, quiero revelar el sentido de uno de los versos, el que dice “plagio anacrónico”. No se refiere a ella, sino que es un metaverso, es decir, un verso que alude al mismo poema. Porque lo escribí con espacios en blanco, a la manera de los vanguardistas que jugaban con los blancos, copiándoles, por eso “plagio anacrónico”. Eso no lo podrán ver ahora, porque lo registré sin ese recurso, pero puedo conseguir el original y se los muestro algún día. Debo tener una fotocopia por allí.

Cierre: el amigo que me presentó a la mujer que inspiró Ella es el Alejandrito Río. Dondequiera que estés, Ale, va un abrazo de hermano.





ella


ella jugaba con palabras
y las palabras jugaban con ella
y las palabras jugaban entre ellas
todos aquellos juegos todos aquellos tiempos
eran
una gran marcha atrás que no retrocedía
ella jugaba además a ser un fragmento de sí misma
un fragmento ensimismado
quieta su mente
antojadizo su corazón
sístole anárquica diástole monárquica
flecha de mentirita
beso supersónico
sombrero sinfónico
plagio anacrónico
ella jugaba a ser desobediente con su juego
y terminaba
hablando en pasado del futuro
fabricando pan duro
soñando con un espejo de plata
ella era así
bastante loquita


Juan López, en Mirá, Ediciones Simples, Mendoza, 2005.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Juan: sigue siendo el mejor poema que haya leído. Y qué maravilla que al verla desde un micro, como un Dr. Zhivago al revés, no hayas bajado hasta ella, porque hubieses asesinado el poema (con otro).
Ulises

Hernán Schillagi dijo...

Ulises: gracias por visitarnos. No exagerás cuando elogiás al poema. Sobre todo cuando esas palabras las has paladeado para leerlas en público. Cómo debe ganar cada verso con la oralidad.

Coincido en que, una vez escrito un poema, la "historia" subterránea se concluye de alguna manera para darle lugar a la literatura. Todo acto posterior a la escritura sería material para un nuevo poema.

Un abrazo y seguí comentando.

Proyecto María Castaña dijo...

¿No puede haber parte dos en la poesía? ¿La historia, como en este caso, que cierra su círculo unos cuantos años después, no sería motivo de otro poema que no asesinara al otro, sino que, por el contrario, fuera un díptico en donde ambos textos líricos potenciaran mutuamente su belleza? (Esta pregunta ni el Quijote la hubiera hecho tan larga, sí, aprovechen para respirar).
¿Qué quieren que les diga? Toda la historia del micro sugiere otra poesía que puja por salir.
Sobre el Dr. Zhivago, Ulises, ¡esa peli me gustó tanto! La escena donde viajan en el colectivo, pegados codo a codo Omar y Julie -tan bellos los dos- y todavía no se conocen, pero David Lean deja la cámara varios segundos para que intuyamos que una gran historia de amor se viene con todo. ¡Emocionante! Otra de micros y de la misma época: El graduado. Ben rescata a su novia de un casamiento equivocado, se suben al bondi, se sientan en los últimos asientos y miran hacia el frente como preguntando:"¿ahora qué?", genial.
Me fui como siempre, quiero la poesía del micro, señor López, un placer cada verso.

aNa dijo...

Hola Jotal! Menos mal que no te bajaste del bondi y que te hayas llevado esa imagen con vos, solito. Si viste la versión sin cortes de "Cinema Paradiso" tal vez entiendas lo que quiero decirte. No fue bueno que Salvatore y Helena se encontraran 30 años después. Creo que es mejor hacernos un poquito pelota desde el sentimiento y no desde la razón. Sí, ya sé me fui al recarajo, pa variar. Pero Ud sabe ... En fin, lo quiero, admiro y respeto mucho. Saluditos. Gabi

Hernán Schillagi dijo...

Bajarse o no bajarse, esa es la cuestión. Terminar con la literatura lo que empezó en la realidad... ¿La tarea de todo escritor?

Marco Denevi decía que él utilizaba la literatura para reorganizar la realidad a su gusto. Aquellos que han leído "Ceremonia secreta" saben que todo empieza con un encuentro arriba de un tranvía (los micros de antes). Cuando las protagonistas deciden bajarse, ya son otras y sus vidas cambiarán para siempre.

Sin embargo, en el caso de "Ella" de Juan, los lectores (con ese egoísmo casi perverso) preferimos siempre que los poetas escriban antes de que vivan y terminen de realizar sus historias en carne y hueso. No lo podemos evitar, es un virus malvado que se nos inoculó y no queremos el antídoto.

gustavo dijo...

Muy lindo el poema y toda la historia que lo circunda, que deja ver una faceta narrativa de Juan López que le desconocía. O bien, ya ha demostrado su habilidad para hacer guiones y es tan cinematográfica, se la puede imaginar como un corto.
Dejo unos aportes, como les prometí en otro post, ya que les gusta tanto Paula Jiménez, va un poema de "Formas", libro que conseguí en el museo de arte moderno allá por el 2003 cuando se presentó con Valeria Cini.

Saludos.

Gustavo


La vuelta


Ellos buscan en la vereda cosas
como otros pepitas de oro
en las arenas de los ríos.
Viajamos en el mismo tren, yo llevo
mi mochila de cuero, ellos sus changos
que regresan cargados
en los vagones de la medianoche.
A veces yo también soy ellos
en una realidad de latas,
cartones y botellas. Las ruedas
de ese incómodo equipaje
hecho de caño y bolsa de arpillera
en su trajín chirrían, ascendiendo
escalón por escalón hacia el andén.
Un pueblo que vive de los restos
que otro pueblo va dejando en las calles
y convierte las partes en un todo, un mundo
al que el otro mundo se le antoja ajeno
como si no le fuera propio
el desamparo o la búsqueda de oro
bajo la niebla.
Soy huérfana de vos cuando camino
por la ciudad en noches como ésta.

Hernán Schillagi dijo...

Gustavo: gracias. Si bien este post se publicó hace varias semanas, vale recordar que Juan se prestó al toque al pedido de contar la historia de un poema. Es una de las secciones que más valoro. Se ve al poeta en otra faceta (la narrativa-testimonial) y al mismo tiempo conocer los entretelones de un buen poema.

Te cuento que "Formas" circula completo en la red. Me lo bajé el año pasado. Es un libro breve y con poemas en portugués de la cantante. Gracias por el aporte.

Fragaria Vesca dijo...

Ya lo dijo Joaquín: "No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió".