sábado, 9 de febrero de 2019

El Desaguadero: 10 años y 10 definiciones de poesía



Los 10 años de El Desaguadero, revista de poesía y reflexión, no representan únicamente un trabajo continuo y tenaz por difundir a poetas de todo el país desde Mendoza; también esta década se ha convertido en un archivo original de voces diversas y potentes que fueron razonando a través de entrevistas, notas, ensayos e historias de poemas. Con el honor de contar con estas definiciones exclusivas sobre el género poético y su creación, Fernando G. Toledo y Hernán Schillagi lo celebramos y compartimos como un regalo inesperado. Por que la poesía siempre sea un deseo imposible de ocultar.


1
«La poesía, como última red de sentido, es para mí una zona de esclarecimiento. Pero en un segundo momento es un lugar de encuentro. No es una tarea solipsista, sino primordialmente solidaria. Leer un poema en público es ir al encuentro de quien en definitiva lo completará».




2
«Creo que todos los artistas (poetas incluidos) trabajan siempre en contra de lo que ya lograron, en ese sentido son siempre ‘post’. Vale decir que si uno repite constantemente un formato que ya había alcanzado antes, se podría decir que está en problemas… Por eso yo creo que en un sentido todo poeta es ‘vanguardista’ en relación a su época».




3
«La poesía es un don, no un regalo de los dioses –que no existen más que como símbolos– sino un obsequio que viene quién sabe de dónde, pero que no reparamos muy seguido en agradecer, cuando las peripecias de estar vivo nos hacen olvidar, por un momento a veces muy largo, qué suerte tenemos de disfrutar de él, que no se ‘vaya’ al despertar, como cuando recibimos un regalo en sueños y abrimos los ojos buscándolo inútilmente por la habitación. La poesía, en cambio, se queda y es para siempre».




4
«Un poema no es ni una vitrina ni un pedestal para la exhibición de su autor. Y la forma, al menos en mi deseo, tampoco es una vestidura que pretenda añadir belleza, elegancia o estilo, sino algo crecido orgánicamente con lo que se dice, al modo de la propia piel. Que, por cierto, es la vestidura que, siendo la más ceñida, la más justa y propia, permite al mismo tiempo la mayor libertad».





5
«Escribo poesía porque haciéndolo no sé qué es lo que hago, ¿me entendés? Y confío luego en lo que el lector dice de ella, allí se termina el poema, o mejor aún, no termina nunca mientras haya un nuevo lector que abre ese poema. A la luz de lo que vos me das en este momento, podríamos decir que es un intento de avizorar siempre el futuro».




6
«El poema, se sabe, es un elogio incansable a lo imposible. Hay que aceptar que el forcejeo con el lenguaje es doble y paradójico: por un lado se lucha para tratar de devolver toda su plenitud a las palabras ‘de la tribu’ y por otro, para dotarlas de un sentido distinto vinculado a nuestro deseo más oculto. Y todo eso dentro del repertorio formal de la tradición, a la que se cuestiona a fin de establecer desvíos, fracturas, movilidades. De este íntimo núcleo contradictorio, hecho de entusiasmo y desmoralización, nace la escritura».




7
«La poesía nos ayuda a sostener los interrogantes. Hay preguntas que no tienen respuestas y para sostener esas preguntas, yo encuentro en la poesía un camino. La poesía es pregunta. Lo importante son las preguntas».




8
«Por suerte, no he llegado a ninguna certeza. Precisamente ese es el motor para seguir escribiendo. Los interrogantes, los finales abiertos, los mundos a descubrir, siguen siendo la principal razón para no dejar de escribir. Encontrar respuestas significa cerrarse puertas, al menos en el hecho creativo. Es cierto que algunos poemas tienen ese tono casi imperativo, pero tiene más que ver con recuperar cierto dramatismo, cierto nervio, que veo que la poesía está perdiendo en ese afán de realismo que, en muchos casos, la convierte en un relato meramente descriptivo del propio yo y su circunstancia».




9
«La poesía es un nexo entre un microcosmos, que está adentro, y un macrocosmos, que está afuera. Pero los dos son infinitos y, así, siempre hay un diálogo. Creo en el trabajo del poeta, no en la inspiración. Creo en las correcciones, en las búsquedas, en la endonavegación, en las preguntas. No creo en los poemas que vienen del cielo como un rayo misterioso, como dice el tango. Eso no existe. La poesía es un oficio, un ejercicio. Yo soy poeta como pudiera haber sido panadero, médico, agrimensor, sastre, bailarín».




10
«Mi vínculo con la poesía es tan intenso, caprichoso y arduo como siempre. Reconozco algunos matices diferentes en el diálogo entre lo dicho y la necesidad de decirlo, en la tensión entre lo escrito y la voluntad de escribirlo. Más exigencia, más rigor, más autocrítica. Y, claro, una mayor conciencia de la efímera felicidad que produce el escribir un poema. Escribir un buen poema es muy difícil. Un solo maldito poema. Nadie se imagina, salvo otro poeta, la batalla que hay que mantener con uno mismo para aproximarse mínimamente a lo que se quiere decir y para mantenerse alerta ante la autocomplacencia».


0 comentarios: