miércoles, 23 de diciembre de 2009

Entrevista a Ulises Naranjo

«Su obra maestra es toda su obra»

Fernando Lorenzo, Luis Ábrego y Ulises Naranjo.


por Fernando G. Toledo


No es lo mismo tener noticia de Fernando Lorenzo que haberlo tratado en persona. No es lo mismo leer, hoy, sus poemas perennes que recorrerlos a pie con las plantas de su voz. Por eso Ulises Naranjo, poeta y periodista mendocino, además de amigo del recordado Fernando, ha intentado reunir esas dos maneras de conocer al autor de Segundo diluvio. Y el modo que ha encontrado es a través de un documental, que se llama Fernando Lorenzo, extranjero en su tierra, y se estrenó recientemente en Mendoza.
El retrato de Fernando es, justamente, el de un poeta omitido por quienes están fuera de un círculo más o menos reducido de amigos, conocidos, familiares, lectores ocasionales y algún que otro académico. Por lo demás, su suerte ha sido mucho más aciaga que la de otros escritores locales: no tiene ni la popularidad de Armando Tejada Gómez, no goza de la reverencia mítica que se cierne sobre Jorge E. Ramponi ni resuena su nombre con aire a canon como sucede con Abelardo Vázquez o Ricardo Tudela.
Naranjo propone en el documental una especie de expedición de rescate. Una expedición relacionada, incluso en lo «externo», con lo que es su pasión personal: el montañismo. Por eso las imágenes iniciales son las de un niño llevado de la mano por un hombre, quienes inician un camino en subida por un terreno precordillerano. Hacia allá viajará Naranjo (poeta en guardia) para recopilar entrevistas, datos de rigor, las canciones compuestas con su hijo y archivos fílmicos en pos de descubrir y revelarnos que, desde la propia perspectiva del poeta (una entrevista a poco de su muerte que Naranjo realizó en donde Lorenzo trabajaba como corrector), Lorenzo siempre fue un escritor hacia adentro, de esos que en sus novelas, cuentos, obras teatrales y sobre todo poemas, esquivó las luminarias (ilusorias o reales) de cualquier notoriedad.
Ulises Naranjo entiende que ese carácter callado de Lorenzo, sumado a la desidia acostumbrada del mendocino para con sus artistas, hacen que Fernando siga siendo, como quien lleva una condena, un extranjero constante.

El solitario
–¿Por qué la figura de Fernando es la de un «extranjero en su tierra»? ¿A qué se debe el «olvido» de su obra?
–Tiene que ver con una conducta muy mendocina: soslayar u olvidar a personas que dejaron grandes aportes para la cultura de este pueblo. Además, vos lo sabés, Fernando era una persona tan culta como discreta, tan sabia como alejada de los gustos populares. Fernando no fue el gran Tejada Gómez; su camino es distinto, más íntimo, menos transitado, más solitario y menos recompensado. Fernando Lorenzo vivió y murió como un extranjero en su propia tierra.

–¿Qué hizo de Fernando uno de los grandes escritores de Mendoza? ¿Cuál es su obra maestra y por qué?
–Su obra es compacta y su discurso, definitivo. Fernando Lorenzo trató con extremo esmero a la palabra: la cuidó hasta que se hizo y grande y después la levantó con un carácter de existencia perdurable. Y con ella también delató lo absurdo del mundo y algún puñado de cosas que merecen ser salvadas. Su obra maestra es toda su obra, por esto de ser compacta. La intensidad de su poesía se condice, por ejemplo, con la pregunta por la vida que brota de su dramaturgia. Fernando levantó una cosmovisión, una integridad, a fuerza de la palabra.

–Uno de los momentos neurales del documental es la entrevista que le realizaste a Fernando en la redacción de Diario Uno, poco antes de su muerte. ¿Cómo creés se veía por entonces la figura de Lorenzo y cómo creés se la ve ahora? ¿Ya era un extranjero?
–Fernando siempre fue un extranjero: por propia elección y por determinación del entorno mendocino. Este hecho, creo, no logró menguarse por la profunda admiración de que gozó de parte de los jóvenes escritores de entonces, como Patricia Rodón, Luis Ábrego, Rubén Valle, Pedro Straniero, Adelina Lo Bue o incluso sus compañeros del grupo literario El Aleph. Fernando en Mendoza nació extranjero de Mendoza y él mismo lo dice en la entrevista.

–¿Cómo fue la experiencia de trabajar en un formato como el de documental?
–Lo he trabajado en los últimos 16 años de mi vida. He investigado y escrito guiones y montajes en casi veinte documentales y he co-dirigido uno con Carlos Canale. Esta vez, me largué a la dirección solitaria, pero con la edición de Verónica Gai y Carlos Canale y la producción general de Francisco Gabrielli.

–¿Cuál será a partir de ahora el recorrido de la película sobre Fernando?
–Una primera y gran noticia es que Cultura de Mendoza se ha comprometido a publicar su obra escrita. Habrá que seguir ese proceso y apoyarlo. Respecto del documental, la intención es que llegue a la mayor cantidad de personas posibles. Yo estoy disponible para eso.

–Suponiendo que pueda creerse en esa promesa del Gobierno, ¿te sentís responsable, sentís que esto surge gracias a tu película?
–No quiero obviar el hecho de que el documental y la respuesta del público fue el disparador de la decisión oficial, pero lo cierto es que la obra de Fernando Lorenzo es tan nutritiva que resultaba llamativo justamente lo contrario: el hecho de que no se la hubiese editado aún.

–¿En qué escritores actuales se detecta el «legado» de Lorenzo?
–Creo que Patricia Rodón sintetiza una mirada mayor a partir de las candelas que dejó Fernando. Y noto búsquedas paralelas o similares en la poesía de Julio González y Carlos Levy. También se nota su impronta en dramaturgos como Sonnia De Monte. Íntimamente, ya como escritor, espero haber aprendido yo mismo algo de él.

Poeta al acecho
–Dentro de poco se cumplirán 15 años de la edición de tu único libro de poemas, Big bang, que fue presentado justamente por Fernando Lorenzo. ¿Cómo ves hoy ese conjunto de poemas?
–Me siguen representando y siguen manteniendo en pie mi decisión de no volver a publicar un solo poema hasta que ese texto sea parte de una búsqueda mayor, diferenciada y que represente un aporte real. Si así no son las cosas, no habrá publicaciones poéticas.

–Recuerdo haberte oído decir hace mucho algo así como que directamente «no eras más» poeta, cosa que resultaba rara venida de quien no sólo se preocupaba por «poetizar» desde cuentos y notas periodísticas hasta los epígrafes de las mismas, sino que era nombre referencial de cierta generación poética por entonces. ¿A qué se debió ese «dejar de ser»? ¿Ya dejó de dejar de ser?
–En Big Bang se plasmó una búsqueda poética de 15 años intensos. Cientos de poemas quedaron reducidos a 50, con aquello que más me desvelaba de la experiencia de escribir poesía: obtener un bloque conceptual que se explicara a sí mismo, sin discursos paralelos. No he vuelto a sentir eso ni estoy buscándolo deliberadamente, por lo que mi futuro poético es más que incierto.

–Y a propósito de lo mismo, ¿has seguido escribiendo poesía en verso o en prosa? ¿Tenés proyectos de alguna publicación?
–Escribo, siempre escribo, pero no tengo proyectos editoriales. Tal vez en algún momento, el año que viene o el otro, tenga que revisar esta actitud. O tal vez no. La literatura goza de buena salud por afuera de mis dudas.

–Decime brevemente dos cosas, una «mundana» y otra «poética» que hayás aprendido de Fernando Lorenzo.
–Mundana: su manual de estilo para seducir señoritas... Poética: No publicar un libro a menos que sea estrictamente necesario...

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Video con fragmentos de Fernando Lorenzo, extranjero en su tierra




Ficha técnica:
Investigación, guión, entrevistas: Ulises Naranjo. Producción General: Francisco Gabrielli. Edición para Estudio Exagrama: Verónica Gai y Carlos Canale. Cámaras y sonido: Carlos Canale. Música original: Ramiro Lorenzo. Poemas: Fernando Lorenzo. Arte Digital: Marcelo Tobares. Diseño Gráfico: Javier Zarzavilla. Material de archivo: Familia Lorenzo, Carlos Levy, Patricia Rodón, Luis Abrego, Cheli Díaz Araujo. Dirección: Ulises Naranjo.


Un poema de Fernando Lorenzo

Tumbas
Tumbas están abriendo a pala, señora mía, noche.
¿Ves? Son para nosotros. Para el último asalto.
Hemos sobrevivido hasta aquí y el horror que gotea
nos hace amar la muerte que lavará los ojos.
Llegará a tiempo la guerra. Seremos
esa mesa tendida a los caníbales, ese mantel piadoso
y el vino alzado. Moriremos.
Tumbas están abriendo a pala, señora mía, noche.
¿Persistirán nuestras sombras a la luz de la lámpara?
¿Persistirán los ojos de mi abuelo de Asturias?
Ay, noche, señora mía,
mi añadidura,
en tus altas alfalfas yo creí en el amor
como el deshielo del instinto que hace un lago en la altura.
Moriremos.
Moriremos bajo atroces bengalas sin ruido, sin ruido,
que abrirán en el cielo.
Inmerecida mano defenderá, ya tarde,
los ojos y la boca.
El clarecer, entonces, llegará más oscuro que la muerte.


Este poema fue publicado por primera vez en la hoja Tiburón Amarillo (Mendoza, abril de 1997).

6 comentarios:

PAOLA dijo...

Hola Hernán: paso por aquí y sigo deleitándome con esa selección de acertadas preguntas que es un lujo leer.
Te dejo mis mejores deseos para el 2010 y ansío disponer de mejor tiempo para leer tu excelente blog.

Proyecto María Castaña dijo...

Cuando leí Segundo diluvio como "obligación" curricular, sentí esos cimbronazos que dejan las obras maestras y producen temblores seguros en las relecturas. Me sumergí en la poesía profunda de un autor que desconocía. Espero, como cuenta Ulises en la entrevista, que el gobierno publique y difunda su obra, sobre todo que se ocupe de esta última tarea. De nada vale poblar los estantes de librerías y bibliotecas si no hay promoción del texto.
La desidia de las autoridades es harto conocida. Poco importa ser un Tejada Gómez o un Juan de los Palotes. Así, por ejemplo, los responsables de cultura bautizaron a la Feria del libro de este año con el nombre del autor de Ahí va Lucas Romero cuando en las librerías locales era casi tarea de detectives encontrar ejemplares de su obra. En un informe que publiqué a mitad de año aquí y en el diario Uno, de seis librerías visitadas en el microcentro, había solo tres libros de Tejada Gómez editados por una casa de Buenos Aires.
Frente a este desierto de políticas culturales sostenidas, el documental de Ulises cobra una importancia capital. Creo que la revalorización más honesta de que aquellos artistas que ya no están pero dejaron su impronta en la obra de tantos, debe ser gestada desde los hacedores de hoy, sin esperar actos aislados de la hipocresía oficial.

Hernán Schillagi dijo...

Paola: no, gracias a vos por tu visita y tus palabras. Espero que te haya gustado la mención que hicimos de tu blog en el artículo "Éramos tan inéditos". Buen año para vos.

Hernán Schillagi dijo...

Con respecto a mi lectura de Fernando Lorenzo, aunque no parezca, Ulises tiene bastante que ver. ¿Por qué? Mis primeros acercamientos a la "Literatura mendocina" habían sido muy escasos y laterales (me había encontrado sólo con la Antología de Colihue, aunque Ricardo Tudela me había encantado), hasta que un amigo me regaló como a mis 20 "Big bang" de Ulises Naranjo. Esto justamente coincidió con mi paso por la FFyL; así que fue el "punto de partida" hacia una lectura frenética de autores de la provincia. Recuerdo que me había hecho amigo de las que atendían en la Biblioteca y me dejaban entrar a buscar por mi cuenta. Entre el "polvo laberíntico" encontré verdaderos arcanos invaluables (Ramponi, Nacarato, Tejada Gómez, Cúneo, la revista Megáfono; hasta me leí todo Bufano). Algunos de ellos llevaban el nombre de Fernando Lorenzo: Tránsito, que había ganado el premio de la increíble y mítica Editorial D'Accurzio y me di el lujo de "cortar a estilete" una edición virgen de Segundo Diluvio; ése libro realmente me "voló la peluca" y creo que no está posicionado como se merece en la poesía argentina. Después vinieron Arriba pasa el viento y su narrativa con toques surrealistas y el hermanado libro Anverso y reverso con Carlos Levy donde hay unas prosas de un Lorenzo más maduro de alto vuelo. Su teatro no lo abordé con profundidad, pero sé que en algún momento nos encontraremos, mate de por medio.

También quiero recordar y no deja de ser otro momento "iniciático" (así son los mini big bangs de la vida) que por el 97 yo tenía una revista literaria que se llamó "Molinos de viento". ¿Quién fue mi primer entrevistado? Pues Ulises. No me voy a olvidar que allí nos contó su paso por la Facu, las complicidades literarias en el buffet y su página de poesía que fundó (siempre con la secreta intención de levantarse minas, por supuesto). Ya desde esa época estaba descreído de la poesía -si bien Las canciones tristes y Odiseo flotaban en el Zapping- , y comenzaba a apostar a entrarle a la realidad desde el periodismo, ya que tenía más posibilidades de cambiarla(reproduzco de "memoria" sus palabras, ojo).

No sé si será por el fin de año, pero se me ha dado por recordar. Sepan disculpar mi emoción.

Anónimo dijo...

Tarde, pero llego al foro. Gracias por tus recuerdos Hernán.
Este será el año de la insistencia para que el gobierno cumpla su promesa de publicar la obra de Fernando.
Estaremos atrás del asunto, como el moscardón, claro.
Abrazos para todos, Ulises Naranjo.

Bicho dijo...

Como se publica y publicita un libro? Tan jodido es? De Cta plata estamos hablando? Juntamos unos mangos, publicamos a Fernando y listo (...de merecercelo). Presentamos su obra en algun local del ambiente y le hacemos pagar el vino con empanadas a alguna empresa interesada en mostrarse.