sábado, 25 de julio de 2009

Historia del poema Salmo de las orquídeas





Son contadas las ocasiones en que recordamos cómo se escribió un poema porque éste, casi por definición, «sucede». Y no necesariamente lo hace encarnado en la sobrevaluada imagen de la musa que irrumpe como una mujer pidiéndonos algo más que atención. Esa suerte de rayo misterioso necesita no ya el radar activado, si no que exige una sensibilidad mínima donde impactar y a su vez redundar en versos como esquirlas. O al revés.

En Salmo de las orquídeas, poema que elegí para contar su envés, recuerdo que ese llamado tácito provino desde el otro lado de la ventana. Sentado frente a la computadora, distraje por un momento la atención de la pantalla y vi pasar por la vereda a una mujer de unos treinta años, medio encorvada; una posición corporal que aún joven ya la delataba derrotada. Llevaba flores y, creo recordar, una mirada que supuraba tristeza. A partir de esos elementos intenté reconstruir –desde la ficción, claro– el posible porqué de su sombría imagen.

Si algo faltaba para que fuera más desoladora su situación era que caminara bajo la lluvia y que fuera domingo. Pues bien, la mujercita debería volver del cementerio donde –tal vez– la esperaba y la despedía el amor de su vida. Su adiós había dejado marcas claras, visibles: le hablaba a un perro “atado a su sombra”, su paraguas permanecía cerrado a pesar de la lluvia y siempre regresaba de aquella tumba con más flores que las que había llevado en la mañana. Sólo la distorsión de la fe podría explicar que le crecieran orquídeas dentro de su cuerpo. Pero, ¿qué es el amor, o por extensión la poesía, si no una llave para dejar salir esos ángeles y demonios que nos habitan el jardín de adentro?





Salmo de las orquídeas


Llueve adentro,
del lado en que la vemos pasar
mirando sin ver, hablándole
al perro fiel encadenado a su sombra.
Llueve de palabra, entre libros y mensajes
cifrados en unos anteojos empañados.
Con percusivo ritmo de selva citadina
caen las aguas del amor que aún no se escribe.
Llueve adentro de los ojos
y desde ese faro agónico hacia la vereda
donde precipita sus pasos la mujercita
del paraguas cerrado como un signo de preguntas,
la del silencio cosido a su muda boca sin pintar.
Las luces de la calle la delatan aviesamente,
ponen en primer plano su tristeza sin orillas,
su anegada nube de dolor desdibujándola.
Atada al sumiso caracol que arrastra sus pies
regresa sola del cementerio de los solos
con más flores de las que llevó temprano a la mañana.
También dentro de su cuerpo está
lloviendo como en domingo
y donde llueven penas le van creciendo orquídeas
para el día de todos los santos.



Rubén Valle, de Placebos (Ediciones Culturales, 2004).

7 comentarios:

Sebastián Goiburo dijo...

guau!lindo!muy lindo!

Fernando G. Toledo dijo...

Excelente caso práctico en que el desvelamiento de «la historia del poema» permite apreciar y valorar mucho más y mejor a dicho poema. Me ha pasado especialmente con éste.

Hernán Schillagi dijo...

Rubén: cuántas lluvias solitarias (e internas)soporta un poeta para que luego, como una boca de tormenta anegada, lance el fárrago de versos hacia las calles.

El poema es hermoso, ya desde su ejecución propone una historia narrativa. La "protagonista" pareciera que es una futura Leónides Arrufat (la de Ceremonia secreta). En cuanto a la anécdota en sí, veo que es más la historia del "chispazo" que hizo mover el motor poético. Tus reflexiones son interesantes y revelan una parte de tu ars poética.

***

¡Un pedido de cholulo!: cómo me gustaría que nos contaras quién era la que abrió -piadosamente- su suéter en "Totalmente pájaros" ;-)

Proyecto María Castaña dijo...

Este texto me lleva a pensar que no necesariamente existe una historia detrás de un poema. A veces sobra con una imagen, una impresión sensorial para disparar la reflexión del poeta y, luego, la escritura. Una mujer, una postura física derrotada, un domingo, la lluvia y, todo lo demás, exquisita añadidura.

Además, esta "relectura" de Rubén sobre su propia obra, no solo da una explicación, es una prosa poética que funciona como intertexto del poema.

Si bien el poema describe un mundo completo, me suscita imágenes nuevas, imagino que, por ejemplo, esta triste mujercita a la que le crecen por dentro exóticas y bellísimas flores, lleva en sus manos toscas panchitas y claveles envueltos en diario. Aplastadas, mojadas: el reverso ordinario de aquellas que están naciendo en sus entrañas.

sergio dijo...

Esta "Historia de un poema" además de estar estupendamente escrita y ser muy interesante, me confirmó algo que ya intuía: lo "flasheros" que son los poetas. Una mujer camina bajo la lluvia un domingo y el tipo se vuela y se vuela. Y por suerte se vuela, porque el resultado es muy bueno, el poema es muy bueno.

Gabriel Vanella dijo...

Docencia. Que bueno fue poder ver el instante previo a su creación, el disparador y como se tejió, hilo por hilo, cada palabra, tan solo con una imagen. Después es como una apuesta a lo que puede llegar a haber alrededor de esa imagen, y así viene la historia de la mujercita. Pero la imagen sin dudas es la disparadora, lo otro corre por cuenta de Rubén. Me pareció excelente todo, la experiencia y su resultado.

Rubén Valle dijo...

Debo reconocer que siempre cuesta mostrar los hilos, tal vez por ese temor atávico de que la magia -por llamarle de algún modo- se pierda explicando el truco. Agradezco todas las miradas expresadas en los comentarios; miradas que me devuelven a veces un espejo desconocido. Y con respecto a los "flases" es tal cual: Uno es consciente de que el rayo nunca caerá dos veces en el mismo lugar. Por eso hay que estar siempre atento. Tal vez en ese estado de alerta resida la mayor tensión del poeta. Lo importante, prescindiendo de la historia en cuestión, es el poema que cada lector se armó para sí. Ese será, me guste o no, el verdadero. El que quede.
Para Hernán: Totalmente pájaros (poema de Museo Flúo)remite no a una si no a todas, con o sin suéter. Creo que viene de esa fascinación lactante que arranca con nuestras madres y luego continúa en la más impredecible de las féminas.