miércoles, 2 de mayo de 2012

Un acento tan solo






Como los paisajes, como las personas, como el curso de los ríos, el habla cambia y también la manera de escribir. Casi siempre esto sucede de manera imperceptible y otras, por contrapartida, un temblor abre una hondonada, un temporal desvía los arroyos o una decisión de la RAE dice que, de pronto, una tilde deja de usarse.
A fines de 2010 y a través del Diccionario Panhispánico de Dudas, la Real Academia Española dio a conocer la supresión de numerosas tildes y tildes diacríticas. Estas últimas son los acentos que se colocan para evitar la confusión entre dos palabras que suenan igual: por el ejemplo, el como que se refiere al verbo comer o al adverbio de modo, del cómo usado como adverbio interrogativo.
Así fue que, de golpe, las lecciones bien aprendidas sobre muchas palabras que debían usarse con tilde para evitar confusión, terminaron en el arcón de las cosas viejas. De pronto, guion, frio o truhan pasaron a ser monosílabos y, por tanto, se quedaron sin acento ortográfico. De repente, aquel dejó de tildarse y ahora da lo mismo que hablemos de aquel hombre (como adjetivo) o, directa y sobriamente, de aquel (como sustantivo).
Pero uno de los cambios que mayor polémica provocó fue la sugerencia [1] de la supresión de la tilde en solo. Para la RAE, dejaría de ser necesario aclarar, cuando decimos, «el hombre solo espera», si estamos hablando de la soledad del hombre o de lo único que le queda a ese pobre hombre por hacer. 

En una justificación, para quien esto firma, lindante con lo ridículo, el Diccionario Panhispánico se refiere al asunto así: 

«Las posibles ambigüedades pueden resolverse casi siempre por el propio contexto comunicativo (lingüístico o extralingüístico), en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas». 

La apelación a ese «contexto» resulta algo curioso, pues, ¿qué sucede si no existe tal contexto? Sucede que en nuestra maravillosa lengua escrita, que tiene entre sus hermosos rasgos tanto la ñ como las tildes en general (y las diacríticas en particular), se debería poder escribir simplemente: «el hombre sólo espera». Al menos, para no estar obligados, como en el inglés, a distinguir entre «the lonely man waits» y «the man that only waits», sabiendo que con un golpe de muñeca menos brusco, y tan sutil como una mancha breve por encima de la «o», nos es posible distinguir un adverbio de un adjetivo. 
Lo ridículo de aquel argumento, igualmente, no se compara con otro de los vertidos por el equipo de Ortografía de la RAE (y apoyado por algunos artículos): el hecho de que al acentuar el adverbio «sólo» se violaba la regla de acentuación que rige las palabras graves. ¿Puede alguien creer que tal observación provenga de la Academia de la Lengua, cuando el caso tratado, justamente, es el de las tildes diacríticas, esto es, las tildes que se colocan no por razones ortográficas sino para distinguir una palabra de otra? Si se hiciera caso a este argumento, entonces también debería dejar de tildarse el «cómo» interrogativo, por ejemplo, o el «cuándo», ya que ambas son palabras graves terminadas en vocal [2].


Poesía, ambigüedad y precisión

 
Si uno lo piensa, el argumento usado para justificar la supresión de la tilde significa un desprecio del aprovechamiento que la poesía puede hacer del adorado acento. Es quizá la poesía la que puede probar que una mera tilde suprimida convierte a esta lengua en una lengua menos rica. Por caso, en este haiku que aquí improviso:

Ya nada tiene
El que solo te espera
En el andén.

Sería interesante conocer la consideración de la RAE acerca de un caso como este. En ningún punto es posible resolver la ambigüedad aquí, y, ciertamente, contra lo que dice en su «argumentación» la Academia, tampoco es posible saber con certeza cuál de las dos opciones interpretativas es la válida. Tampoco es cuestión de utilizar otro giro verbal, ya que no nos olvidemos de que eso iría contra la métrica (cosa que probablemente el equipo ortográfico de la RAE desconozca). Por supuesto, en algunos casos la ambigüedad puede darle al poema el a veces dulce sabor de la incertidumbre, pero también es cierto que dicha indeterminación no tiene por qué ser impuesta por la amputación de un recurso que lo evitaba con efectividad y sencillez.

Los rebeldes

 
Esta queja no es una excentricidad de un poeta o de un periodista rebelde que escribe en una provincia tan lejos de Madrid. De hecho, la Academia Mexicana de la Lengua se ha opuesto de manera oficial a la supresión de la tilde: los casos de sólo y de solo, dice ese organismo, son los de dos categorías gramaticales distintas. Incluso, los mexicanos dejan ver su enojo y rechazan que la RAE apele a distintas «autoridades de la lengua» para apoyar su decisión: «existen varios académicos, escritores, lingüistas, intelectuales destacados, etcétera, que mantienen su uso y que pueden considerarse igualmente acreditados», afirman desde el país americano. Así que, por tanto, aseguran, «el mantenimiento de la regla ortográfica del acento diacrítico en el adverbio sólo y en los pronombres demostrativos es una herramienta que, junto con las grafías, por ejemplo, permite entender que dos palabras pueden tener igual forma pero distinta función o significado. En este sentido, la tilde es una marca clara y un recurso para la enseñanza de la lengua y de las distintas funciones gramaticales».
Lo cierto es que si la RAE avanza y da el paso de hacer obligatoria la supresión, se ahondará en el error. Por eso creo es necesario imponer su uso, esto es, seguir no sólo utilizando la tilde en el adverbio, sino difundir ese uso y defenderlo, de modo que por razones de recurrencia sea necesario mantenerla. Ya sabemos que cuando se decide destildar una palabra es como cuando se decide un dogma en un Concilio católico. Y así, quizá, sea más fácil que cambie el curso de un río antes que un académico de la lengua sólo ponga una tilde. O ponga una tilde solo.


Notas


[1] Es notable cómo numerosos artículos periodísticos han difundido erróneamente que este caso también era una nueva ley obligatoria. Pero ello sorprende menos que el hecho de que algunos lingüistas asuman esa obligatoriedad, cuando el texto de la RAE es muy claro al distinguir entre la sugerencia de dejar de acentuar el sólo y, por ejemplo, la obligatoriedad de dejar de acentuar otras palabras.


[2] Otros casos que tampoco cumplen, por supuesto, la ley de acentuación general son, entre otros muchos: adónde, quién, más, aún, cuánto.







Poemas que quieren su tilde 
(para usarla o no)

Soneto

Ya llena de sí solo la litera
Matón, que apenas anteyer hacía
(flaco y magro malsín) sombra, y cabía,
sobrando sitio, en una ratonera.

Hoy, mal introducida con la esfera
su casa, al sol los pasos le desvía,
y es tropezón de estrellas; y algún día,
si fuera más capaz, pocilga fuera.

Cuando a todos pidió, le conocimos;
no nos conoce cuando a todos toma;
y hoy dejamos de ser lo que ayer dimos.

Sóbrale tanto cuanto falta a Roma;
y no nos puede ver, porque le vimos:
lo que fue esconde; lo que usurpa asoma.

Francisco de Quevedo




Altura y pelos


¿Quién no tiene su vestido azul?
¿Quién no almuerza y no toma el tranvía,
con su cigarrillo contratado y su dolor de bolsillo?
¡Yo que tan sólo he nacido!
¡Yo que tan sólo he nacido!

¿Quién no escribe una carta?
¿Quién no habla de un asunto muy importante,
muriendo de costumbre y llorando de oído?
¡Yo que solamente he nacido!
¡Yo que solamente he nacido!

¿Quién no se llama Carlos o cualquier otra cosa?
¿Quién al gato no dice gato gato?
¡Ay, yo que sólo he nacido solamente!
¡Ay! ¡yo que sólo he nacido solamente!

César Vallejo






1964 (II)

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

Jorge Luis Borges





Certezas

A ver cómo es.
Estaba quieta la inquietud por una vez.
La desazón en sazón y
¡cómo se parecía el mundo a Gerarda
envuelta en sensaciones de encaje!
Las palabras chocan contra la tarde y no la descomponen.

La furia no me deja solo conmigo.
Habrá que recortar la sombra militar.
¡Camaradas especialistas en esperar cansancios:
apaguen el amor dudoso
que baja humilde y despacito!

¡Hasta el revés del cosmos morirá!

Juan Gelman





14 comentarios:

Hernán Schillagi dijo...

Fernando: muy buen artículo. Sobre todo porque propone una postura desde la escritura (ardua si las hay) de la poesía. Aquí el tema podría dispararse o abrirse al menos en dos, ya que volveríamos a la vieja (y siempre vigente) polémica del verso libre y la métrica. Como también la de la ortografía.

Hemos discutido en otros lugares sobre el tema de la tildación del «solo» en caso de adverbio. He decidido no tildarlo nunca más, ya que -más allá de las vacilaciones reglamentarias de la misma RAE- estoy de acuerdo en simplificar la ortografía. Estamos en una etapa de transición. Pero aquí, en esta revista, me interesa el tema de la redacción de poemas. Yo que he escrito tanto haikus y tankas medidos, como también poemas de verso libre, considero que -para la redacción poética- siempre es mejor la concisión que lo analítico (más allá de los estilos y escuelas). Algunos dirán que al oído suenan igual tanto el adjetivo como el adverbio, pero era allí donde la ambigüedad sumaba. Es cierto, se pierde bastante con la nueva destildación, aunque como buen poeta tramposo, hace unos meses escribí un poema que se titulaba "Solo para emergencias", donde al final decía maliciosamente:

«...entonces
te das cuenta de que nunca vas a llegar a tiempo
cuenta de que es imposible dejar al olvido
en alguna parada hacerle una promesa fácil
y seguir solo como si una emergencia
en la mitad de la noche
justificara toda cobarde fuga...»

Soy de la idea de que los poetas tenemos que ser los lectores y los productores de textos más alertas. Habrá que probar con lo nuevo, buscarle la musicalidad y la precisión métrica. Insisto: etapa de transición.

Para molestar(te) voy a ensayar las dos formas que considerás "imposibles" respetando la métrica (5-7-5) del haiku:

Versión adverbio:

Ya nada tiene
Quien nada más te espera
En el andén.



Versión adjetivo:

Ya nada tiene
Quien solito te espera
En el andén.


Después podemos discutir si perdieron belleza o mutaron en una musicalidad más o menos pastosa. Pero, como decía Alejandra Pizarnik, la poesía es el lugar donde todo es posible.

Hernán Schillagi dijo...

Otra versión adverbio que no repite "nada":

Ya nada tiene
quien solamente espera
En el andén.

Fernando G. Toledo dijo...

Hernán:
Lo que me parece estimulante es la posibilidad de discutir sobre dos temas que surgen ante la problemático que planteo en el artículo y son reflotadas por tus comentarios. El primero, y más trivial, es: ¿la RAE ha decidido que se suprima obligatoriamente la tilde o sugiere su supresión en el caso de «sólo». Mi respuesta es, contra lo que dicen Barcia en algunas declaraciones y otros lingüistas en varios artículos, que en ningún momento la RAE habla de que la supresión sea obligatoria, y para ello pongo como prueba el texto matriz publicado en la web de la Academia. Si alguien quiere argumentar contra él, pues espero los argumentos, por ahora no aparecen. (SIGUE)

Fernando G. Toledo dijo...

(VIENE DEL ANTERIOR)
La segunda cuestión abierta se plantea también con una pregunta: ¿son válidos los argumentos propuestos por la RAE para eliminar la tilde? Mi respuesta negativa la he argumentado en el texto, claro está, y tiene que ver por el lado teórico con lo que ha dicho la Academia Mexicana (no he leído objeciones a esos argumentos). Por el lado práctico, con los ejemplos que doy.
Visto que hay réplicas a esos argumentos, analizo tus objeciones. (SIGUE)

Fernando G. Toledo dijo...

Por un lado, el argumento de la «simplificación» para justificar la supresión de la tilde en «sólo» me resulta novedoso, por cuanto tal «simplificación» no aparece en el argumento vertido por la RAE. El argumento de la Academia no se asoma esa problemática, sino que se fija en las «reglas generales de la acentuación», excusa, como digo en el artículo, absurda e insultante, ya que en realidad, las tildes diacríticas aparecen como excepciones debidamente justificadas de por qué saltarse las reglas generales, al aparecer ambigüedades insalvables en nuestro idioma con palabras del como cuando-cuándo, que-qué, acerca de las que estas «novedades ortográficas» nada dicen y que sin embargo perfectamente caen bajo la sombra de tan ridícula justificación. (SIGUE)

Fernando G. Toledo dijo...

(CONTINUA)
Pero, si argumentamos ad hominem (esto es, aceptando provisoriamente la justificación que has dado sobre la «simplificación»), entonces no entiendo por qué no ser coherente y predicar la eliminación de una letra como la «k» (tan poco usada en español o reemplazable por otras), así como la eliminación de la be o de la uve, según la preferencia, debido a su semejanza en la pronunciación y cuya variedad «complejiza» (siguiendo la objeción) el idioma. Si no se quiere ser tan drásticos, ¿por qué no estás proponiendo la eliminación de la tilde en las sobreesdrújulas cuya desinencia sea «mente» («últimamente») dado el caso pragmático de que termina acentuándose por lo general como una palabra grave? En fin, repito, si la excusa es la simplificación, el campo a simplificar es amplio, y tan dado a producir anfibologías. (SIGUE)

Fernando G. Toledo dijo...

(CONTINÚA)
Rechazada (con argumentos, no por mero gusto) esa objeción, paso a referirme a los contraejemplos que planteás para darle la razón a la eliminación de la tilde en «sólo» en la poesía de métrica fija.
Como está visto, lo que provoca la eliminación de la tilde es, en realidad, la eliminación de los vocablos «solo» y «sólo» de la poesía métrica. Porque si el poeta que quiera hacer caso a esa novedad ortográfica (apuesto a que, a pesar de todo, no serán muchos) se encuentra con un verso en que la soledad o la exigüidad se interpongan en su escandir, entonces deberá esquivarlo para evitar una confusión (a menos que se la busque, está visto que el «confusionismo» suele ponerse de moda). Esto representa, como digo en el artículo, una amputación y no una simplificación, entonces. Porque está visto que es mucho más simple colocar una tilde que usar el diminutivo del adjetivo solo, así como es más simple que agregar la terminación «mente». Sin contar con las estridencias musicales provocadas, y me refiero sólo a los ejemplos vertidos en los comentarios. (SIGUE)

Fernando G. Toledo dijo...

(CONTINÚA y TERMINA)
Para sintetizar, entonces:
1) La RAE por ahora sugiere y no obliga a destildar el «sólo».
2) El argumento de las generalidades de la ortografía queda anulado, a pesar de que es el que usa la RAE, desde el momento que se está tratando de tildes diacríticas y no ortográficas.
3) El argumento de la simplificación pierde coherencia si no se acompaña de una simplificación sistemática. Pero, además, pierde sentido mucho antes por cuanto la tilde es una manera eficaz y simple de resolver problemas de ambigüedad que se abren como un abismo sobre todo en la poesía, poco tenida en cuenta en los argumentos a favor de la eliminación de la tilde.
4) Por todo lo dicho, hay que seguir tildando el adverbio sólo y escribiendo sin tilde el adjetivo solo para evitar una confusión entre ambos y reivindicar la riqueza de un idioma, como el español, que a diferencia del inglés tiene tildes ortográficas y diacríticas.

Fernando G. Toledo dijo...

FE DE ERRATAS:
En el primero de mis comentarios, donde dice «problemático» debe decir «problemática»; donde dice «¿la RAE ha decidido que se suprima obligatoriamente la tilde o sugiere su supresión en el caso de "sólo"» debe decir « ¿la RAE ha decidido que se suprima obligatoriamente la tilde o sugiere su supresión en el caso de "sólo"?».

Fernando G. Toledo dijo...

Nota bene:
Cabe decir que no tengo objeciones frente a la eliminación de las tildes en palabras como «este», «aquel», «esta», etc., ya que los argumentos ofrecidos sí son válidos, por cuanto se puede ver con sólo ensayar algunos casos que no se produce confusión entre un adjetivo y un sustantivo, que es lo que pretendía diferenciar la tilde diacrítica.
Pero esto debe servir, incluso, aun más como argumento a favor de la tilde en el adverbio «sólo», ya que justamente, la experimentación con el mismo, y de manera evidente contra lo que escribe la propia RAE, no es posible resolver por el contexto los casos de ambigüedad y se aplica una supuesta simplificación, cuando en realidad se crea un problema que antes no existía.

Hernán Schillagi dijo...

Fernando: que conste que no quise copiar y pegar mis comentarios sobre el tema que habíamos debatido por e-mail. Piedad para los lectores. Por otro lado, lo interesante aquí es hablar de la musicalidad y la ambigüedad en la poesía. Al menos eso quise desarrollar en mis argumentos y ejemplificaciones. Por lo demás es muy sustancioso el debate. Antes las sugerencias de la RAE, elijo tomarlas como tomé el 100% de las anteriores. Eso sí, siempre con visión crítica.

Fernando G. Toledo dijo...

¿Piedad? Piedad es darle carne para el debate, no dejar a los pobrecitos artículos sin un mísero comentario, como pasa tantas veces, ja ja.
En cuanto a musicalidad y ambigüedad, pues para lo primero la tilde diacrítica ni aporta ni deja de aportar. Para lo segundo, la eliminación de la misma, como dije, representa una amputación de un recurso que (como está claramente expuesto con los poemas que pongo como ejemplo al final del texto) bien puede ser usado como recurso abierto a la ambigüedad sin necesidad de recortar un rasgo muy español como es la tilde.
Por último, yo creo que la RAE tiene la autoridad suficiente para imponer un uso o desuso, pero también los hispanohablantes de rechazar los argumentos que arruinan todo prestigio de esta academia, como son los que estamos tratando en este debate. Tanto lo arruinan que, está visto, aún sobrevuela cierto pudor entre los académicos (pareciera), habida cuenta de la sugerencia (y no obligación) de la eliminación de la mentada tilde.

Anónimo dijo...

Qué erudición che me han dejado mudo, felicitaciones de nuevo por el desaguadero
abrazo a ambos
leandro calle

Fernando G. Toledo dijo...

¡Ja!
http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/09/cultura/1357735373.html