miércoles, 6 de enero de 2010

Biblioteca El Desaguadero: Pájaros de tierra, de Hernán Schillagi

Para comenzar el 2010 -y el número 6- abrimos una nueva sección: la Biblioteca El Desaguadero. Libros de poemas completos en formato PDF para descargar. En esta oportunidad les ofrecemos la reedición de un libro que apenas hace dos años apareció en la Colección de Poesía Desierta de la editorial Libros de Piedra Infinita: Pájaros de tierra, de Hernán Schillagi. Sin embargo, como no dejamos de ser una revista de reflexión, la obra va acompañada del «recorrido de lectura» que Cecilia Resttiffo realizó el día de la presentación en setiembre de 2008.

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Palabras pájaras
-Un recorrido de lectura por Pájaros de tierra-




por Cecilia Restiffo


Los restos de la escritura todavía vibran en el lector. De esta manera he cerrado el libro y con el espíritu revuelto protejo los rincones que quedaron vulnerables ante la intimidad de la palabra. El poeta, entonces, ha abierto un haz de luz que ilumina lo que a veces no queremos ver, es el verso y su música lo que impacta, lo que no deja respiro ni aun en los espacios. Así puesta como la noche -boca arriba- me dejo llevar por la lectura; dice el autor:

reto

quién decide los cruces
de este azar olvidado
de este destino desierto
de este pasado que late
en la vigilia de los sueños
de este mañana que pugna
por una voz quebrada
de tanto buscar
y mucho callar

el deseo la esperanza
el tiempo el abismo
el amor la palabra
el caos el infinito

quien decida
que se atreva



Este reto abre el juego de exploración, porque si nos dejamos llevar iniciaremos un recorrido íntimo, cotidiano, por distintos lugares que esperan abrirse a una nueva mirada, es así cómo siento que descubro -como por primera vez- lo que ha estado allí siempre. Habla el poeta:

ciudad cómplice


los puentes
y los pasos que les dan forma
la luz entre los árboles
el sol en las cabezas
en las calles en la tierra
la sombra es un refugio
para tanta claridad
para tanta realidad

cruzo
atravieso busco

callo

y la ciudad
no consigue nombrarte



Estos lugares que buscan un nombre son en definitiva los que guían al lector en este viaje que oscila entre el afuera y el adentro, la voz dentro del poema descorre el velo y a veces lo que queríamos olvidar vuelve a hacerse presente con el desgarro quieto de aquello que no ha pasado aún y se abre, como una herida, en la palabra:

larga distancia

sin espacio los que en el vacío logran
sabernos entre el frío y la sed
nunca pared siempre espada
cortante en la mano de otro
que no sea la sombra del niño fabulador
con sueños en los ojos en los pies
pisa pisuela y la ciruela
en la boca entre dulce y agria
la leche en la heladera
luz de luna sobre la manteca la mermelada

«todos a la mesa»

falta mi silla
familia
y mi lugar



Cada paso hacia adentro del poema conduce inevitablemente al recuerdo del lector, a la primera forma de hogar que es la memoria, una zona de espera y esperanza en la que guardamos lo que somos, lo que soñamos; es esa memoria la que se evoca en el poema, que -como un espejo- nos refleja el silencio de la contemplación:

los dominios de la memoria

hasta qué punto la memoria nos elige
en su poder de murallas abiertas
pero soñamos ser nosotros
los que rompemos sus postigos
los que encendemos sus faroles
los que corremos el telón sin escenario
para un público que quiere cerrar los ojos

hasta dónde representar la obra
de un hombre que escribe mensajes
y los cuelga en las ramas de un ciruelo
aunque luego confunda sus palabras
con las flores tan blancas de silencio
tan frías de sangre

y los aplausos ciegos no tardan en crecer
en aplastar su cosecha muda

hasta qué momento
la memoria no es ese fruto negro
con una promesa dulce en la carne
y con un agrio recuerdo en las entrañas


Esta memoria, este fruto dulce y agrio a la vez trajo hasta mí un recuerdo: el recuerdo del artista, la imagen de aquel que busca en la piedra la forma armoniosa de la belleza, que late en cada golpe de cincel; así como el poeta, que lucha por recobrar la palabra, que entre sus manos se prefigura temerosa a veces, a veces provocadora pero siempre indefectiblemente esquiva. Éste es el poeta, el que trabaja el silencio, el que esta noche nos abre su obra, su trabajo, su razón de ser:

poema

ya en mis manos
siento el peso de haber sostenido
tanto silencio desbocado
tantas lágrimas merecidas
tanto barro en los ojos
tanto odio en los labios
tanta fe en la mentira

ya mis manos
se liberan
de palabras y de clavos
que delatan esta cruz

4 comentarios:

Fernando G. Toledo dijo...

Es un verdadero orgullo que hayamos publicado, con Libros de Piedra Infinita, este libro de Hernán. El orgullo se redobla ahora por ponerlo a disposición (en esta coproducción Libros de Piedra Infinita-El Desaguadero) de todos los internautas con esta descarga gratuita en versión PDF. Aprovechen Pájaros de tierra. Y no digan que no les avisé.

Hernán Schillagi dijo...

Fernando: gracias por tus palabras. Creo que, si bien la edición tradicional en papel es aún el anhelo de todo escritor, todo es una excusa para que los textos lleguen a los lectores. Así que ojalá esta edición en PDF permita sumarle ojos a estos pájaros.

Fernando G. Toledo dijo...

Hernán: hago la advertencia de que esta edición es muy oportuna, ya que aparece justo con la «imposición», al parecer de larga vida en el mercado repleto, del Kindle: el nuevo aparatejo que lanzó Amazon con increíble éxito y que ya había tenido otras versiones. Estamos hablando nada menos que de un dispositivo para leer libros digitales, una biblioteca digital portátil, que va a dar que hablar.
Ver aquí y aquí.

falmonacid dijo...

Hola, Hernán. No tenía ninguno de tus libros, así que lo bajé raudamente para leerlo con detenimiento. Un abrazo agradecido,
Fabián.